18 de diciembre de 2006

Claudia Amaral (1)

Mi gran amigo José Luis, siempre que viaja a un torneo internacional, me trae algún souvenir, cosa por la que siempre estoy agradecida, tengo una colección enorme de franelas, libretas, boligrafos, libros, tarjetas, revistas, y demás, gracias a él. (todas con la marca Scrabble, claro)

Ahora, con la oportunidad de publicar en este espacio, las comparto con ustedes.

Comienzo con la Reina del Scrabble, nuestra estimada Claudia Amaral, y este texto que sale publicado en la Revista Scrabble - Diciembre 2006 - de la Asociación Argentina de Scrabble, espero que lo disfruten, y de ahora en adelante, lo que publique, tomado de los regalos de José, le pondré: R de JLRB

• Por CLAUDIA AMARAL // Había una vez un enclítico

Pero el SCRABBLE® no es un cuento, es un juego. Sin embargo, nos ofrece siempre la magia de los cuentos, con desenlaces inespe­rados, con suspenso, con imaginación. Nunca es igual, va cambiando, cambian las reglas, cambian las palabras, cambian las formas, cambian los jugadores, cambian los escena­rios.

Y hoy, cuando alguien me pregunta a qué me dedico y yo le respondo (entre otras cosas) a jugar al SCRABBLE®, siento que tengo que contarla una historia.

Y me sale un cuento.

Y mi interlocutor me pregunta más ... y le cuento ...

Que sí, que hay una Asociación, en Argen­tina y en varios países, que se juega en español.

Se ríe cuando le digo que estudio el diccio­nario, que lo subrayo, que me he despertado en la madrugada más de una vez por haber encontrado en sueños una palabra que no encontré mientras jugaba despierta.

Nos reímos los dos cuando recuerdo algu­nas frases maravillosas de boca de fanáticos, tales como: "voy a jugar al SCRABBLE® hasta quedar inconsciente", cuando me muera quie­ro que me entierren con el SCRABBLE® y el tejido" o "antes del torneo me tomo una sopa de letras para inspirarme".

Me pregunta si es estresante, y le digo que sí, que hasta me ha parecido alguna vez sentir que el corazón, en vez de latir dentro de mi pecho, andaba saltando por el tablero, a la espera de poner una palabra y rogando a algún Dios en silencio que no ocupen el único lugar disponible.

Además, cuando le digo que he viajado ... ahí abre los ojos de una manera increíble y me pregunta: ¿¿con el SCRABBLE®??

Sí, le contesto: dos veces a España, dos a México, una a Costa Rica y una a Panamá. Y que también jugué el mundial que se hizo en Buenos Aires.

Y ese es un capítulo aparte, el de los mun­diales.

Que no comienzan con el primer partido, no ... empiezan con las ganas de clasificarlo para jugarlo, con el torneo nacional previo, con el vértigo de cuantos lugares hay para cada país y con que si algún jugador no va, el primer suplente se lleva toda la gloria ...

Y una vez clasificada, los preparativos del viaje, las rutinas, los pasajes, los partidos en el avión, las cábalas, un mundo paralelo.

Y en lo personal, compartir todo eso, siem­pre con mi amiga del alma. Es completo y perfecto.

Y la cantidad de lágrimas que se derraman ahí, las de la risa son más frecuentes, están las de la frustración, las de la impotencia ante el azar (esas son ocultas, son "para adentro"). la de la rabia por las equivocaciones y ni decir de las de la emoción liberada por extrañar a los hijos.

Y han quedado códigos, claves que deto­nan el recuerdo espontáneamente.

Los he vivido a todos con una intensidad única, si bien siempre hubo un clima de convivencia muy gratificante, la experiencia del mundial de Panamá fue (claro, el resul­tado influye) la mejor.

Veníamos de jugar el mundial anterior en Xcaret, México, con un derroche de lujo para el turismo pero con ninguna disponibilidad de infraestructura para el torneo, tal es así que el primer partido lo jugamos en una terraza, junto al mar, alucinante ... ¡sólo que el viento se llevaba todo! Más de una ficha se perdió en el agua ...

Luego, gracias a la voluntad de todos, terminamos jugando en el salón de un bar nocturno, con un ring de boxeo en el medio y luces de colores ... toda una aventura.

Así que Panamá nos encontró sin nada de ese lujo material, pero sí con la riqueza de la intención colectiva de hacer un torneo sin apoyo económico, así se trabajó y así salió: impecable.

Hasta fue transmitido por primera vez en directo.

La sensación de que rescato de todos los mundiales que jugué es justamente la de ir construyendo este cuento, la sensación de que todos vamos siendo parte de una historia y que esa historia nos pertenece, y que siem­pre, siempre, nos vamos a emocionar cuando nos encontremos allí, en el lugar que sea.

Entonces, ahora, en realidad, nuestro cuen­to en vez de comenzar con el gastado "había una vez" comienza con el infinito "¿TE ACORDAS?".

Claudia Amaral - Campeona Mundial de Scrabble
Panamá 2004.
R de JLRB

No hay comentarios.: