Material del taller dictado en el XVIII Torneo Rosarino de Scrabble - Rosario, febrero 2026
Durante el XVIII Torneo Rosarino de Scrabble trabajamos una idea central que muchas veces queda invisibilizada en el juego competitivo: el rendimiento no depende únicamente del vocabulario, del cálculo estratégico o de la experiencia acumulada. Depende también —y en momentos críticos, de manera decisiva— de cómo interpretamos emocionalmente la situación de juego.
El Scrabble® competitivo es un escenario cognitivo de alta demanda. Exige memoria léxica, cálculo probabilístico, flexibilidad mental, inhibición de respuestas impulsivas y tolerancia a la incertidumbre. Pero además, en un torneo, se agregan variables sociales: ranking, historia frente al rival, reputación, expectativas propias y ajenas, comparación constante. Allí es donde el tablero deja de ser solamente un problema estratégico y se transforma en un entorno evaluativo.
En ese punto comienza a jugar la psicología.
Uno de los modelos clásicos que nos permite comprender esta dinámica es la curva de Yerkes-Dodson (1908), conocida como la “curva en U invertida”. Este modelo describe la relación entre activación emocional y rendimiento. En el eje horizontal (X) se ubica el nivel de activación; en el eje vertical (Y), el rendimiento. La relación no es lineal. Con niveles muy bajos de activación, el rendimiento disminuye por falta de energía, concentración o compromiso. A medida que la activación aumenta, el rendimiento mejora hasta alcanzar un punto óptimo. Sin embargo, si la activación continúa incrementándose más allá de ese punto, el rendimiento vuelve a caer.
La clave no es eliminar la activación. La activación es necesaria. Cierta tensión mejora la atención, acelera la búsqueda léxica, optimiza la vigilancia estratégica. El problema aparece cuando la activación cruza un umbral y se transforma en amenaza.
En el taller diferenciamos dos modos de interpretación emocional del juego:
Modo desafío: el juego se interpreta como un reto manejable. La activación es funcional. El foco está puesto en la jugada concreta. Se asumen riesgos inteligentes. La creatividad se mantiene activa. El error no es interpretado como daño identitario, sino como parte del proceso competitivo.
Modo amenaza: el juego se interpreta como peligro evaluativo. Se activa el miedo a perder reputación, ranking o identidad. El foco deja de estar en la jugada y se desplaza hacia el significado social del resultado. Aparece la rigidez cognitiva, el exceso de cautela, la evitación del riesgo.
La diferencia es sutil pero profunda. En modo desafío se juega para competir. En modo amenaza se juega para no perder.
El miedo al error es uno de los disparadores centrales del modo amenaza. Cuando el error es interpretado como amenaza social, el sistema nervioso activa respuestas defensivas. Se estrecha el campo atencional. Disminuye la flexibilidad. Se priorizan jugadas “seguras” por sobre jugadas estratégicamente superiores. Paradójicamente, el exceso de cautela también se convierte en un riesgo.
En Scrabble® competitivo, muchas veces la mejor jugada implica tolerar incertidumbre. Implica aceptar que el cálculo nunca es completamente seguro. Cuando el jugador entra en modo amenaza, reduce su capacidad de exploración cognitiva. Se vuelve conservador. Y ese conservadurismo no siempre optimiza el rendimiento.
Otro fenómeno que analizamos fue el automatismo. La primera jugada que aparece en la mente no siempre es la mejor. Muchas veces es la más automática. Bajo activación elevada, el cerebro privilegia rapidez y sensación de seguridad por sobre profundidad analítica. El entrenamiento psicológico implica desarrollar la capacidad de detener ese automatismo, ampliar el abanico de opciones y evaluar con mayor claridad.
En un torneo, además, se activa con fuerza la dimensión social del rendimiento. El ranking, la historia frente al rival, la reputación acumulada y la identidad como “buen jugador” pueden convertirse en factores de presión. Aquí aparece un punto central trabajado en el taller: la identidad no está en juego; la jugada sí.
Cuando el foco pasa de la jugada a la identidad, el sistema interpreta peligro social. La evaluación deja de ser estratégica y se vuelve personal. La pregunta deja de ser “¿cuál es la mejor jugada?” y pasa a ser “¿qué va a significar si pierdo?”. Ese desplazamiento cognitivo es uno de los principales saboteadores del rendimiento.
Desde la teoría de la evaluación cognitiva (Lazarus, 1991), sabemos que la respuesta emocional depende de cómo interpretamos la situación. Si la situación es evaluada como desafío, el organismo moviliza recursos. Si es evaluada como amenaza, el organismo se defiende. La fisiología puede ser similar, pero la interpretación cambia completamente el impacto sobre el rendimiento.
Investigaciones contemporáneas sobre challenge vs. threat (Blascovich & Mendes, 2000) muestran que cuando el individuo percibe que posee recursos suficientes para afrontar la demanda, la activación es funcional. Cuando percibe que la demanda supera sus recursos, se activa el modo amenaza. En términos prácticos: no es la presión lo que define el rendimiento, sino cómo la interpretamos.
Otro fenómeno relevante es el “choking under pressure” (Baumeister, 1984; Beilock, 2010): el deterioro del rendimiento bajo presión evaluativa. Cuando el foco se desplaza hacia la autoobservación excesiva o hacia el resultado, se interfiere el procesamiento automático experto.
En Scrabble®, esto puede verse como dudas excesivas, bloqueo creativo o incapacidad para decidir.
El entrenamiento psicológico no consiste en eliminar la ansiedad. Consiste en modificar su interpretación. La activación no es el enemigo. El problema aparece cuando la activación decide por nosotros.
Competir con la cabeza implica reconocer el nivel de activación propio, identificar cuándo el foco se desplaza hacia la identidad, volver deliberadamente a la jugada concreta, aceptar la incertidumbre como parte estructural del juego y diferenciar riesgo estratégico de amenaza social.
El objetivo no es jugar sin tensión. Es jugar en la zona óptima de activación.
La diferencia no está en las letras. Está en el modo en que interpretamos el tablero.
Cuando la activación es moderada y la interpretación es de desafío, el rendimiento se potencia.
Cuando la activación es excesiva y la interpretación es de amenaza, el rendimiento se deteriora.
El Scrabble® competitivo no es solo un ejercicio lingüístico. Es un laboratorio emocional. Cada partida es también una práctica de regulación cognitiva.
Este taller tuvo como propósito ofrecer herramientas para comprender estos mecanismos y aplicarlos en la práctica real del torneo. La invitación final es sencilla pero profunda: entrenar las palabras es fundamental, pero entrenar la interpretación emocional del juego puede marcar la diferencia en momentos decisivos.
Bibliografía
Yerkes, R. M., & Dodson, J. D. (1908). The relation of strength of stimulus to rapidity of habit-formation. Journal of Comparative Neurology and Psychology, 18, 459–482.
Lazarus, R. S. (1991). Emotion and Adaptation. Oxford University Press.
Blascovich, J., & Mendes, W. B. (2000). Challenge and threat appraisals. Journal of Personality and Social Psychology, 78(3), 546–561.
Baumeister, R. F. (1984). Choking under pressure. Journal of Personality and Social Psychology, 46(3), 610–620.
Beilock, S. L. (2010). Choke. Free Press.
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