8 de abril de 2013

El Sapillo y La Ranilla



por Joan M. Lázaro



Todas las palabras en  rojo son válidas según el DRAE


El sapillo y la ranilla
salieron a pasear:
él, a la luz de la lunilla,
se quería declarar.



Debajo de una hojilla
se fueron a sentar.
-Qué bien bajo este toldillo
tan fresco y natural,
suspiró la ranilla,
mientras él cogió una uvilla
y se la quiso regalar.

Ella melosa le dijo:
-Hazme un zumillo,
que me gusta mucho más.
Y él, galante, así lo hizo
pues la quería conquistar,
y en un florido vasillo
le sirvió el dulce manjar.

Tras cuatro gin-tonics con pepino,
él se dedicó a atacar:
-Eres tan linda y monilla
que contigo me quiero arrejuntar.

Contestó la ranilla:
-De medidas andas justillo,
y más que un sapo pareces un piojillo,
pero serás mi amorcillo
cuando pasemos por el altar.

La boda será en Sebiya,
que allí mis primillas
me darán un buen ajuar.

-¡Ay! No seas malilla,
y súbete las faldillas,
que esas ancas tan bonitas
las quiero ya disfrutar.

-No seas impaciente, ijillo,
que hasta que no haya anillo
ni un trapillo me quitarás

Y aquí acaba la historia
del sapillo y la ranilla,
porque él se fue a Castilla,
en busca de una rana más liberal.

Y ella puso una velilla
al santo del lugar,
esperando que llegara
el príncipe de Beckelar.

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