11 de enero de 2010

Nobel de literatura 2009


GALARDÓN Herta Müller es la ganadora del Nobel de Literatura 2009

Müller: "Cuantas más palabras usamos, más libres nos volvemos"

La escritora leyó en la Academia Sueca su discurso de agradecimiento, titulado "Cada palabra sabe algo del circulo vicioso"

ESTOCOLMO EFE
La escritora rumano-alema­na Herta Müller, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, recorrió ayer, con un des­corazonador juego literario, las cicatrices de su existencia, que no son otras que las de la pro­pia historia del siglo XX. Lo hizo durante el discurso de agra­decimiento por el galardón, que tituló "Cada palabra sabe algo del círculo vicioso" y que leyó en una ceremonia previa a la entrega del Nobel, que se llevará a cabo el jueves.

"Los objetos no conocen su propio material, los gestos no conocen sus sentimientos y las palabras no conocen las bocas que las hablan. Pero, para estar seguros de nuestra existencia, necesitamos los objetos, los gestos y las palabras. Cuantas más palabras usamos, más li­bres nos volvemos", dijo Müller, quien sufrió los vejámenes de la censura durante la dicta­dura de Nicolai Ceaucescu en Rumania.

La escritora, nacida en ese país en 1953, proveniente de una familia de Suabia, hiló los recuerdos de una vida marca­da por la intersección del na­zismo y el comunismo: la co­munidad suaba cargó con las culpas del primero y fue azotada por el segundo.

"¿Llevas pañuelo?", le pre­guntaba su madre cada maña­na antes de salir de casa. Era una muestra indirecta de afec­to -explicó- en un entorno fa­miliar tan opresivo como el que describió en la novela En tierras bajas, en el que las palabras más comunes levantaban una cotidianeidad irrespirable. Llevó ese mismo pañuelo al contexto de una planta manu­facturera de la que fue despedi­da tras ser acusada de espía al no querer colaborar con la Se­curitate, el servicio secreto de Rumania.

"Puedes defenderte de mi ataque, pero no puedes hacer nada contra la calumnia. Cada día me preparaba pa­ra cualquier cosa, incluida la muerte. Pero no puedes estar lista para esta perfidia. No hay entrenamiento para hacerla tolerable", expresó.

Y ese pañuelo también apa­recía en la foto de la muerte de su tío Matz, que sucumbió a la ideología nacionalsocialis­ta, o en la imagen de su ami­go, colega y compatriota Os­kar Pastior, quien -durante su permanencia en un campo de concentración ruso -lo recibió como regalo de una mujer que esperaba que su hijo volviera de la guerra.

"¿Podemos decir que son pre­cisamente los pequeños obje­tos los que conectan las cosas más disparatadas de la vida? ¿Que los objetos están en ór­bita y sus desviaciones revelan un patrón de repetición, un círculo vicioso o, como deci­mos en alemán, un círculo del infierno? Podemos creerlo, pe­ro no decirlo. Pero, lo que toda­vía no puede ser dicho, puede ser escrito", señaló.

"He reaccionado ante el mie­do mortal con sed por la vida. Un hambre por las palabras. Sólo un remolino de palabras pudo entender mi condición", dijo con amargura. "Gracias a ellas, nada tiene sentido y to­do es verdad", indicó Müller, quien ha retratado en cada una de sus novelas la soledad del ser humano.

enviado por: Humberto Lattuf
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